Caramelos, jamón… sin embargo, ¡no todos los aditivos alimentarios son buenos! Analizamos desde todos los ángulos el tema de los colorantes, conservantes y otras sustancias indeseables que hay que evitar en nuestros platos.
Un aditivo alimentario es una sustancia natural o sintética añadida a un producto alimenticio con el fin demejorar su aspecto, su textura o su conservación. En nuestras etiquetas, éste figura con su nombre completo o su nombre de código (que comienza siempre por la letra E) acompañada de su función en el producto.
¿Un ejemplo? En su sobre de sopa preferido, el glutamato es identificable con los términos “potenciador del sabor: glutamato monosódico” o “potenciador del sabor: E621”.
En Europa, la Comisión Europea se apoya en las recomendaciones de la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) para autorizar o no un aditivo. A pesar de ser un marco aparentemente estricto, no obstante, algunos crean dudas en cuanto a su total inocuidad: pocos estudios o que provienen directamente del fabricante, mala apreciación de las acumulaciones...
Actualmente hay aproximadamente 350 aditivos autorizados en el continente europeo. Estos se reparten mayoritariamente en 5 grandes grupos:
Puede estar tranquilo, “aditivo” no rima necesariamente con “nocivo”. Algunos protegen especialmente nuestros alimentos contra una perjudicial proliferación bacteriana. Desafortunadamente, el sector abusa también con fines mucho menos virtuosos: para ocultar una pobreza gustativa, hacer más pesado un producto mediante retención de agua o crear colores claramente artificiales… ¡Pasemos por tanto revista a los más desacreditados para no dejarnos engañar nunca más!
¿Qué hay de los helados llamativos y los ositos de gelatina multicolores? ¡Obra de los colorantes azoicos! Reúnen la tartrazina (E102), el amarillo de quinoleína (E104), el amarillo anaranjado S (E110), l’azorrubina/carmoisina (E122), el Ponceau 4R, rojo de cochinilla A (E124) y el rojo allura AC (E129), que posiblemente favorecen astutamente la hiperactividad de los niños (1-2).
Los colorantes caramelo (E150c y E150d), que dan un bonito tono ámbar al vinagre balsámico barato o a las sodas con cola, tienen un auténtico punto negro. Su síntesis genera la formación de 4-metilimidazol, molécula clasificada como probable cancerígena por el CIRC (Centro Internacional para la Investigación sobre el Cáncer) (3).
Prohibido en Francia desde enero de 2021, el dióxido de titanio (E171) sigue blanqueando los chicles de ciertos países europeos. Sin embargo, éste contiene nanopartículas que la convierten en cancerígeno potencial (4).
Ocupando el rango E220-E228, los sulfitos cuentan entre los alérgenos más conocidos (5). Estos se esconden en el vino, el vinagre, la mostaza, los frutos secos y los pepinillos. Más tristemente famosos, los nitritos (de E249 a E252) desde hace mucho tiempo indisociables de la charcutería: el jamón rosa, ¡son ellos! El problema es que su digestión provoca la formación de nitrosamina, probable cancerígeno según el CIRC (6-7).
Muy empleados en los quesos industriales, los fosfatos pecan por su contenido en fósforo que, en exceso, resulta perjudicial para el organismo (8). Preste también atención al BHA (E320) y al BHT (E321), perturbadores endocrinos potenciales (9).
Los emulsionantes E433 (polisorbato 80) y E466 (carboximetil celulosa sódica) no valen mucho más: al franquear la barrera intestinal, estos podrían provocar reacciones inflamatorias, incluso enfermedades autoinmunes.
¿Y el buen sabor de los platos preparados? ¡Hay que agradecérselo al glutamato (de E620 a E625) (10)! Acusado de provocar trastornos neurológicos, probablemente también perturba las señales del apetito (incitándonos insidiosamente a repetir…) Asimismo, presentamos nuestras reservas sobre los edulcorantes de síntesis como el aspartamo (E951) (11).
Sin pasar horas analizando los envases, adquiera estos buenos hábitos para librarse del máximo número posible de aditivos alimentarios tóxicos :
Como no es fácil controlar todo, puede ser pertinente incorporar ciertos extractos vegetales a su dieta diaria.
A semejanza de los sulfitos, ciertos aditivos posiblemente aumentan la aparición de alergias. Afortunadamente, hay sustancias naturales que nos proporcionan una ayuda bienvenida, como el astrágalo (que contribuye a la regulación del sistema inmunitario) y el pino silvestre (que contribuye a la salud respiratoria) (12). Ciertos complementos sinérgicos (a semejanza de Aller Fight, formulación de alta calidad que combina espirulina, bromelaína, astrágalo, petasites y pino silvestre) precisamente los han reunido.
Nuestra inmunidad podría también padecer a causa de los aditivos. Estas son las conclusiones de un estudio de 2017 realizado con ratas por investigadores franceses del INRA (Instituto Nacional para la Investigación Agronómica). Tras una exposición oral prolongada al E171, se ha observado un trastorno de la respuesta inmunitaria intestinal así como lesiones precancerosas en el colon. Planta imprescindible de la farmacopea europea, la equinácea contribuye al buen funcionamiento del sistema de defensa del organismo: ¡una valiosa aliada para enfrentarse al comando de los “E”! (13) Para sacar el máximo partido de sus beneficios, opte por un extracto de equinácea procedente de la agricultura ecológica (como el de Immunity Booster, por otra parte, enriquecido con zinc y vitamina C).
Desintoxicar regularmente el hígado facilita también la evacuación de los agentes nocivos acumulados. El cardo mariano , que contiene silimarina, contribuye a la protección hepática (14). El extracto de hojas de alcachofa, con su abundante contenido de cinarina, también contribuye a mantener un hígado sano (15). Encuentre todas estas sustancias buenas para el hígado en fórmulas dedicadas (como el complemento alimenticio Liver Support Formula).
Ciertas formulaciones, por otra parte, se dedican más bien a los riñones (a semejanza de Kidney Detox Formula). Otra opción complementaria para acompañar su tratamiento de desintoxicación: optar por los extractos de crucíferas.
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